RISTORANTE DAHLAK

Descripción

En el restaurante “Dahlak” podéis encontrar comidas tradicionales de Eritrea, país del África del Noroeste.

La aventura de Haimanot y Andom empezó hace más de 17 años: nacido cómo restaurante presente en varias ferias de la zona de Bérgamo y Brescia, para hacer conocer la comida eritrea, a partir de 2006 es un punto de referencia en el barrio de Borgo Palazzo, dónde es posible conocer sus tradiciones y disfrutar su comida típica.

Encontramos a sus dueños junto con la asociación Distretto Urbano del Commercio. Esta es su historia:

“Nos acogen en su restaurante en Borgo Palazzo las hermosas sonrisas de Haimanot y su marido Andom: veintiséis años de matrimonio, tres hijos (dos de ellos viven al extranjeros), casi cuarenta años de vida en Italia, muchos de los cuales los pasaron trabajando en la cocina.

Ambos vienen de Eritrea, pero se conocieron en Italia, donde él llegó como refugiado político a finales de los años Setenta, mientras que ella se encontraba aquí por un viaje de negocios a Europa.  

La historia de Andom se parece a la de muchos otros hombres y mujeres huyendo de la guerra: su madre le aconsejo’ que se marchara, porque ya tenía dos hijos en el ejército y no quería que el tercero también arriesgara su vida. A los veinte años, Andom salió’ hacia el Sudán, para saludar a sus hermanos que se encontraban allí. Caminó durante tres días pero solo pudo decirle adiós a uno de los dos.

Una vez que llegó en Italia, lo acogieron el Patronato San Vincenzo y lo ayudaron su fuerza y su tenacidad. Volvió a estudiar inmediatamente: el Estado Italiano no reconocía su título y él quería aprender bien el idioma. A los 24 años se matriculó para atender los últimos tres años de instituto superior. “Parecía más un profesor que un estudiante” se ríe.

Luego encontró’ a Haimanot y los dos sellaron su amor con cuatro bodas: la unión civil y religiosa en Italia, en Asmara con la familia de ella y posteriormente en el pueblo de la madre de Andom.

Mientras nos cuentan esto se rien y nos confiesan que su unión es indisoluble…¡Sería imposible divorciar tantas veces!

 

Durante nuestra conversación la pareja intercambia miradas de complicidad y se toma el pelo. Haimanot repite “¿Pero qué dices? ¿Perdiste la memoria?” El sonríe con ternura, nos mira y exclama “¿Lo ves? Ella es el jefe.”

Haimanot es la reina de la cocina - durante nuestro encuentro se levanta varias veces para controlar la cocción de las comidas y para acoger a los proveedores - y nos dice que gracias a  esta pasión decidieron abrir Dahlak (el nombre del restaurante y de un archipiélago de islas, entre las siete maravillas de África).

Ella insistió también para cocinar en ocasión de la llamada Festa dell’Unità una comida tradicional, porque quería que la gente lo probara y lo conociera.

Cuando le dijeron que el año siguiente podía participar, no pudo dormir durante doce meses por miedo a no conseguirlo.

Desde entonces, la gente seguía preguntando dónde podía encontrar sus comidas eritreas después de la fiesta, dónde estaba su restaurante para comer esos platos en invierno también.

Esto es la vida por quien sabe confiar: contestar a una pregunta, acoger algo que llega por casualidad y tener confianza en el futuro.

Prudencia, perseverancia y tenacidad hacen lo demás.

Por cierto el trabajo en el restaurante hizo que pudiera mantener a sus hijos y hacer que estudiaran - la mayor, por ejemplo, después de su carrera universitaria en Lenguas Extranjeras en la Cà Foscari de Venecia, ahora está en Corea haciendo una maestría en relaciones internacionales - pero sobre todo fue la ocasión para difundir la cultura preciosa de la condivisión.

Comer en compañía, con las manos, desde el mismo plato, educa a cuidarse de los demás, enseña el altruismo y la atención hacia los más pequeños.

Cómo nos explica Andom, cuando se come empezando por el borde del plato, al final solamente queda una pequeña parte en el centro: esta porción se da siempre al más pequeño de la familia. “Tiene que crecer y es preciso que coma más de los demás.”

En su restaurante, ellos insisten para que los clientes intenten comer de esta manera. Saben que la mesa compartida siempre es un lugar de relación y que aquí se crean las relaciones mejores.

 

Relaciones como las que Andom supo construir en Italia: hoy tiene una fuerte amistad con quienes le acogieron al llegar aquí. “Tuvo suerte, confiaron en mí y me dieron un trabajo: ahora somos como hermanos”.  

Les decimos adiós después de comer una comida típica - que Haimanot prepara frente a nuestras miradas en su cocina tan limpia que parece nueva - y saborear despacio su té caliente y especiado.

Está es su bienvenida, que es también un “gracias” y un “hasta luego” a la vez”


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En el restaurante “Dahlak” podéis encontrar comidas tradicionales de Eritrea, país del África del Noroeste.

La aventura de Haimanot y Andom empezó hace más de 17 años: nacido cómo restaurante presente en varias ferias de la zona de Bérgamo y Brescia, para hacer conocer la comida eritrea, a partir de 2006 es un punto de referencia en el barrio de Borgo Palazzo, dónde es posible conocer sus tradiciones y disfrutar su comida típica.

Encontramos a sus dueños junto con la asociación Distretto Urbano del Commercio. Esta es su historia:

“Nos acogen en su restaurante en Borgo Palazzo las hermosas sonrisas de Haimanot y su marido Andom: veintiséis años de matrimonio, tres hijos (dos de ellos viven al extranjeros), casi cuarenta años de vida en Italia, muchos de los cuales los pasaron trabajando en la cocina.

Ambos vienen de Eritrea, pero se conocieron en Italia, donde él llegó como refugiado político a finales de los años Setenta, mientras que ella se encontraba aquí por un viaje de negocios a Europa.  

La historia de Andom se parece a la de muchos otros hombres y mujeres huyendo de la guerra: su madre le aconsejo’ que se marchara, porque ya tenía dos hijos en el ejército y no quería que el tercero también arriesgara su vida. A los veinte años, Andom salió’ hacia el Sudán, para saludar a sus hermanos que se encontraban allí. Caminó durante tres días pero solo pudo decirle adiós a uno de los dos.

Una vez que llegó en Italia, lo acogieron el Patronato San Vincenzo y lo ayudaron su fuerza y su tenacidad. Volvió a estudiar inmediatamente: el Estado Italiano no reconocía su título y él quería aprender bien el idioma. A los 24 años se matriculó para atender los últimos tres años de instituto superior. “Parecía más un profesor que un estudiante” se ríe.

Luego encontró’ a Haimanot y los dos sellaron su amor con cuatro bodas: la unión civil y religiosa en Italia, en Asmara con la familia de ella y posteriormente en el pueblo de la madre de Andom.

Mientras nos cuentan esto se rien y nos confiesan que su unión es indisoluble…¡Sería imposible divorciar tantas veces!

 

Durante nuestra conversación la pareja intercambia miradas de complicidad y se toma el pelo. Haimanot repite “¿Pero qué dices? ¿Perdiste la memoria?” El sonríe con ternura, nos mira y exclama “¿Lo ves? Ella es el jefe.”

Haimanot es la reina de la cocina - durante nuestro encuentro se levanta varias veces para controlar la cocción de las comidas y para acoger a los proveedores - y nos dice que gracias a  esta pasión decidieron abrir Dahlak (el nombre del restaurante y de un archipiélago de islas, entre las siete maravillas de África).

Ella insistió también para cocinar en ocasión de la llamada Festa dell’Unità una comida tradicional, porque quería que la gente lo probara y lo conociera.

Cuando le dijeron que el año siguiente podía participar, no pudo dormir durante doce meses por miedo a no conseguirlo.

Desde entonces, la gente seguía preguntando dónde podía encontrar sus comidas eritreas después de la fiesta, dónde estaba su restaurante para comer esos platos en invierno también.

Esto es la vida por quien sabe confiar: contestar a una pregunta, acoger algo que llega por casualidad y tener confianza en el futuro.

Prudencia, perseverancia y tenacidad hacen lo demás.

Por cierto el trabajo en el restaurante hizo que pudiera mantener a sus hijos y hacer que estudiaran - la mayor, por ejemplo, después de su carrera universitaria en Lenguas Extranjeras en la Cà Foscari de Venecia, ahora está en Corea haciendo una maestría en relaciones internacionales - pero sobre todo fue la ocasión para difundir la cultura preciosa de la condivisión.

Comer en compañía, con las manos, desde el mismo plato, educa a cuidarse de los demás, enseña el altruismo y la atención hacia los más pequeños.

Cómo nos explica Andom, cuando se come empezando por el borde del plato, al final solamente queda una pequeña parte en el centro: esta porción se da siempre al más pequeño de la familia. “Tiene que crecer y es preciso que coma más de los demás.”

En su restaurante, ellos insisten para que los clientes intenten comer de esta manera. Saben que la mesa compartida siempre es un lugar de relación y que aquí se crean las relaciones mejores.

 

Relaciones como las que Andom supo construir en Italia: hoy tiene una fuerte amistad con quienes le acogieron al llegar aquí. “Tuvo suerte, confiaron en mí y me dieron un trabajo: ahora somos como hermanos”.  

Les decimos adiós después de comer una comida típica - que Haimanot prepara frente a nuestras miradas en su cocina tan limpia que parece nueva - y saborear despacio su té caliente y especiado.

Está es su bienvenida, que es también un “gracias” y un “hasta luego” a la vez”