Introducido por una improbable voz radiofónica, el espectador verá aparecer en escena a otros tantos personajes improbables, todos ellos interpretados por la perturbadora ironía de Ippolita Baldini, no por casualidad una personalidad televisiva, conocida por el público como “la Lucy”. Ortolana, la madre devota y “afligida” tras ver cómo Clara y sus otras dos hijas abandonan su vida acomodada y se retiran a la reclusión.
A ella se opone Guelfa, otra madre, también perteneciente a los majores, los nobles de Asís, que ve en el estilo de vida radical y revolucionario de Francisco y Clara una grave amenaza para los privilegios de casta.
Y también habrá sitio para “la Lucy”. Catapultada a este contexto surrealista para dar su personalísima visión de la santa amiga.
Clara de Asís sólo hace una aparición fugaz. Una mujer joven, hecha irónicamente humana, lidiando con las primeras dificultades que agobian a quienes están llamados a ser “guías” de los demás.
Sin embargo, Clara la Santa, sus milagros, su devoción, su fe, permanecen en un segundo plano, envueltas en el misterio de su vocación y en las leyendas que rodearon su existencia. Pero al final es ella, con su ejemplo y sus enseñanzas, quien mueve a todos los personajes de la obra.