En el Cineteatro Colognola, un espectáculo caracterizado por un enfoque irreverente y sin tabúes, que toca temas como la vida, la muerte, el mundo y sus paradojas.
Para escribir “Kamikaze”, Eleazaro Rossi hizo un viaje espiritual y ferroviario a Cividale del Friuli. Allí, como huésped del Albergo Cividale (3 estrellas, media pensión), pasó unas semanas mirando al vacío, escuchando el silencio e intentando averiguar si el problema era él o el mundo. Al final, como suele ocurrir, la respuesta fue: ambas cosas.
Kamikaze” es su undécimo monólogo cómico. Una palabra no basta. Dos tampoco. Es un espectáculo que no se puede resumir, que no quiere ser explicado, de hecho rehúye todo intento de promoción excepto éste.
Durante la representación hablamos, entre otras cosas, de la vida, la muerte y el mundo.
Periodistas que arrasan los buffets de las convenciones como si fueran veteranos de treinta años de ayuno y como si los canapés fueran la última oportunidad de salvación de la humanidad. Los mismos periodistas hacen preguntas a los cómicos como si nunca hubieran hablado con un ser humano (“¿Pero eras un poco mocoso en el colegio?”).
Culpa, familias rotas, la trampa ineludible del capitalismo y el deseo secreto de que un infarto acabe con todo. Los abuelos se ofrecen como voluntarios delante de las escuelas. Y, por supuesto, también cosas que no se pueden decir aquí porque el teatro aún tiene una reputación que mantener.
Kamikaze” no es sólo un espectáculo. Es una declaración. Es un gesto. Es una catástrofe anunciada. Pero muy, muy divertido.