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Para admirar las maravillosas concreciones calizas, no hace falta ser un experto espeleólogo y descender cientos de metros bajo tierra.
Pasada la puerta de San Agustín, a la derecha de la avenida de las Murallas, verás una abertura que se adentra suavemente bajo tierra.
Es la entrada a la Casa del Cañón de San Miguel.
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