Visitando esta encantadora abadía, fundada hace un buen millar de años, aún sentirás la atmósfera de una época de caballeros, cruzadas y misterio religioso.
Enclavada en los frondosos bosques del monte Canto, esta iglesia ha conservado intacta su austera y fascinante arquitectura románica, embellecida aún por fragmentos de los frescos que antaño decoraban por completo sus muros.
En este encantador lugar, los monjes cluniacenses llevaban una vida retirada de meditación y oración por el alma del fundador y su familia.
Ahora los monjes ya no están aquí, pero paseando por los edificios situados detrás de la iglesia te sentirás como si estuvieras de vuelta en su época.