Quiosco Cinque Vie Roby

Quiosco Cinque Vie Roby

Descripción

En Largo delle Cinque Vie, en el centro de la ciudad, “il Robi” es una institución. 

Su quiosco de periódicos, igual que una ventana, lleva más de cincuenta años asomándose a la vida de los bergamascos. Lo abrieron papá Pietro, marmolista de profesión, y la mamá Serafina, que insistió para montar el negocio, pero por desgracia falleció cuando Roberto tenía solamente once años. 

Con el Distretto Urbano del Commercio quisimos encontrarlo para conocer mejor la historia de su actividad comercial.  

Cuando era muy pequeño, Roberto ayudaba a su padre: “Doblaba los periódico y los entregaba. Pero luego me ponía a leer las revistas y a jugar con figuritas”. 

Cada día el quiosco abre a las siete de la mañana, pero hasta finales de los años Noventa se empezaba a trabajar a las cinco y media y se acababa a las siete de la tarde. 

Robi ha sido el primer encuentro del día por mucha gente, desde los vigilantes nocturno hasta los ancianos jubilados, ya despiertos a la hora de la madrugada. Roberto tiene una sonrisa y un chisme para cada uno de ellos. Por muchos, representa también un buen vecino al cual pedir ayuda si hace falta. 

Frente al quiosco de periódicos ha puesto una silla, así que las personas pueden apoyar sus bolsas; hace algunos años, en esa silla una señora embarazada con su primer hijo empezó con el trabajo del parto. 

Pensò .”¿Qué voy a hacer?”, luego detuvo una ambulancia que pasaba por allí y la mujer dio a la luz su hijo en el hospital una hora después.  Robi es muy atento y durante muchos años “on the road” ha visto de todo. 

“Si pudiera empezar desde cero, no volvería a hacer este trabajo, sino algo que me deje un poco más libre. Pero me encanta el contacto con la gente. He vivido más con los clientes que con mi familia” y agrega: “La gente es capaz de distraerte de tus problemas”. 

Quien vive en el barrio a veces corresponde su amabilidad regalando a Robi una botella de vino, un salame, un postre de las fiestas. 

Él está siempre allí. 

Durante treinta y cinco años solamente ha cerrado tres días: cuando sufrió una reacción alérgica a la aspirina y cuando nació su primer hijo. 

“El segundo era más listo: llegó el domingo, día de cierre”.  

La gente aprecia a Robi hasta el punto que cuando nació su primer hijo, al regresar al quiosco lo encontró cubierto de mensajes de enhorabuenas. Muchos los pusieron sus colegas comerciantes, con los cuales se lleva muy bien. 

Con ellos se intercambian pequeños favores y algunas bromas, como cuando una mañana que Roberto llegó al quiosco más tarde de lo normal, alguien pegó a la persiana un cartel que decía “Falleció prematuramente”, causando pánico por la calle y alivio cuando llegó. Entre tanto, Robi había sido llamado también por el periódico local, para el anuncio fúnebre.   

Robi nos cuenta este episodio riendo. Es una de aquellas personas cuyo estilo de vida es la ironía, necesaria también por las numerosas preguntas raras que le ponen: “Perdone, ¿es que Porta Nuova siempre queda allá?” “No, a veces va a dar un paseo”. 

O también, asomándose al quiosco: “Buenos días, ¿usted es el vendedor de periódicos?”, “No, soy el farmacista. Trabajo media jornada aquí y media jornada allá”. 

Roberto es capaz de ver desde lejos los clientes que están llegando y rápidamente prepara el sobre de periódicos. Se acuerda de los periódicos preferidos de todos. 

“Es que a veces me gusta ser guay para sorprenderlos…” 

Empezó con la gran tormenta de nieve de 1985 y desde entonces ha sido testimonio de la vida de miles de bergamascos, a los cuales siempre le dio los buenos días.

 


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En Largo delle Cinque Vie, en el centro de la ciudad, “il Robi” es una institución. 

Su quiosco de periódicos, igual que una ventana, lleva más de cincuenta años asomándose a la vida de los bergamascos. Lo abrieron papá Pietro, marmolista de profesión, y la mamá Serafina, que insistió para montar el negocio, pero por desgracia falleció cuando Roberto tenía solamente once años. 

Con el Distretto Urbano del Commercio quisimos encontrarlo para conocer mejor la historia de su actividad comercial.  

Cuando era muy pequeño, Roberto ayudaba a su padre: “Doblaba los periódico y los entregaba. Pero luego me ponía a leer las revistas y a jugar con figuritas”. 

Cada día el quiosco abre a las siete de la mañana, pero hasta finales de los años Noventa se empezaba a trabajar a las cinco y media y se acababa a las siete de la tarde. 

Robi ha sido el primer encuentro del día por mucha gente, desde los vigilantes nocturno hasta los ancianos jubilados, ya despiertos a la hora de la madrugada. Roberto tiene una sonrisa y un chisme para cada uno de ellos. Por muchos, representa también un buen vecino al cual pedir ayuda si hace falta. 

Frente al quiosco de periódicos ha puesto una silla, así que las personas pueden apoyar sus bolsas; hace algunos años, en esa silla una señora embarazada con su primer hijo empezó con el trabajo del parto. 

Pensò .”¿Qué voy a hacer?”, luego detuvo una ambulancia que pasaba por allí y la mujer dio a la luz su hijo en el hospital una hora después.  Robi es muy atento y durante muchos años “on the road” ha visto de todo. 

“Si pudiera empezar desde cero, no volvería a hacer este trabajo, sino algo que me deje un poco más libre. Pero me encanta el contacto con la gente. He vivido más con los clientes que con mi familia” y agrega: “La gente es capaz de distraerte de tus problemas”. 

Quien vive en el barrio a veces corresponde su amabilidad regalando a Robi una botella de vino, un salame, un postre de las fiestas. 

Él está siempre allí. 

Durante treinta y cinco años solamente ha cerrado tres días: cuando sufrió una reacción alérgica a la aspirina y cuando nació su primer hijo. 

“El segundo era más listo: llegó el domingo, día de cierre”.  

La gente aprecia a Robi hasta el punto que cuando nació su primer hijo, al regresar al quiosco lo encontró cubierto de mensajes de enhorabuenas. Muchos los pusieron sus colegas comerciantes, con los cuales se lleva muy bien. 

Con ellos se intercambian pequeños favores y algunas bromas, como cuando una mañana que Roberto llegó al quiosco más tarde de lo normal, alguien pegó a la persiana un cartel que decía “Falleció prematuramente”, causando pánico por la calle y alivio cuando llegó. Entre tanto, Robi había sido llamado también por el periódico local, para el anuncio fúnebre.   

Robi nos cuenta este episodio riendo. Es una de aquellas personas cuyo estilo de vida es la ironía, necesaria también por las numerosas preguntas raras que le ponen: “Perdone, ¿es que Porta Nuova siempre queda allá?” “No, a veces va a dar un paseo”. 

O también, asomándose al quiosco: “Buenos días, ¿usted es el vendedor de periódicos?”, “No, soy el farmacista. Trabajo media jornada aquí y media jornada allá”. 

Roberto es capaz de ver desde lejos los clientes que están llegando y rápidamente prepara el sobre de periódicos. Se acuerda de los periódicos preferidos de todos. 

“Es que a veces me gusta ser guay para sorprenderlos…” 

Empezó con la gran tormenta de nieve de 1985 y desde entonces ha sido testimonio de la vida de miles de bergamascos, a los cuales siempre le dio los buenos días.

 


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