Mandarina Duck

Mandarina Duck

Descripción

A finales de los Ochenta, un pato mandarín “coloreado y seductor” llegó a viale Papa Giovanni XXIII reemplazando la Latteria Valseriana, “auténtico icono de los bergamascos”.  

En compañía del Distretto Urbano del Commercio encontramos a Grazia Lorenzi, responsable de la tienda, para conocer mejor la historia de esta tienda. 

Mandarina Duck - renombrada marca de marroquinería - nació en Boloña en 1977 gracias a la idea del señor Paolo Trento. En Bérgamo, precisamente en el pueblo de Cologno al Serio, había la empresa que producía y realizaba sus nuevos tejidos, como por ejemplo el famoso “canvas engomado” de la mochila más de moda en esos años. En el centro de la ciudad, se pasaron la antorcha dos iconos de una época de prosperidad. 

Durante nuestros cuentos de las actividades comerciales históricas de Bérgamo, es la primera vez que no entrevistamos directamente a los fundadores o a los dueños. 

Sin embargo, Grazia es diferente. Nos cuenta esta historia igual que si le hubiera dado vida, con la gratitud de quien pudo crecer profesional y humanamente durante los años, alimentando su vida y su forma de ser. 

Es una mujer ecléctica, le gustan el diseño y la modernidad: y el montañismo, no por casualidad.  

Lleva veinte años trabajando por este negocio y ha podido apreciar sus calidades técnicas y estéticas también. 

Dice: “La belleza es cultura y esto es lo que me interesa más. No me centro en vender más, sino en compartir una experiencia, hacer algo distinto y divertirme”. 

Hace pocos meses ha creado una colaboración con el instituto superior de Arte Liceo Artístico Manzù de Bérgamo: juntos han realizado una exposición en la tienda sobre el cantante Fabrizio De André.  

“Fue a clase con los estudiantes y hablamos de arte, música y publicidad. Ellos han realizado varias instalaciones de gráfica, dibujo y escultura que se han expuesto en la tienda y en los escaparates. 

Por ella, las colaboraciones representan una ocasión más de contaminación positiva, que ayudan a enriquecer la curiosidad y a no aburrirse. 

Grazia, que maneja la tienda, cuida también a tres colaboradores: Mascia, Claudia y Giorgio, el más joven del equipo. “Tres mujeres y un chico guapo” dice con orgullo y cariño Grazia. 

“Mantener el armonía en el grupo es un desafío importante; sé que tengo que servir de ejemplo. Tengo que aprender algo cada día yo también: empatía, comunicación, trabajo en equipo”. 

Asì que de repente empuja a todo el grupo para que aprenda un poquito de ruso, para acoger mejor a los turistas. 

Hoy los clientes extranjeros representan un 25% del total y por Grazia esto supone una ocasión para aprender algo nuevo y fijar nuevos objetivos. “Las dificultades con el idioma creaban obstáculos en la relación con los clientes. Aprendimos algunas palabras y se abrieron un montón de sonrisas”. 

Grazia se centra mucho en la figura del señor Paolo Trento, empresario “de antaño” que miraba muy lejos, invirtiendo en las personas y en la investigación. 

“Era un hombre visionario y con él la empresa ha sido igual que una verdadera familia por mi”. 

Hoy el fundador de Mandarina Duck ha creado un Eco Villaggio (Aldea Ecológica) en Valmarecchia (Rimini), dónde sigue dando vida a sus pasiones: la sostenibilidad, las buenas relaciones y la innovación.   

Terminamos la entrevista preguntando a Grazie qué habría hecho si no hubiese encontrado la empresa por la cual lleva veinte años trabajando. Nos contesta sin indecisión: “Me habría ocupado de arte y ecología”.  

 


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A finales de los Ochenta, un pato mandarín “coloreado y seductor” llegó a viale Papa Giovanni XXIII reemplazando la Latteria Valseriana, “auténtico icono de los bergamascos”.  

En compañía del Distretto Urbano del Commercio encontramos a Grazia Lorenzi, responsable de la tienda, para conocer mejor la historia de esta tienda. 

Mandarina Duck - renombrada marca de marroquinería - nació en Boloña en 1977 gracias a la idea del señor Paolo Trento. En Bérgamo, precisamente en el pueblo de Cologno al Serio, había la empresa que producía y realizaba sus nuevos tejidos, como por ejemplo el famoso “canvas engomado” de la mochila más de moda en esos años. En el centro de la ciudad, se pasaron la antorcha dos iconos de una época de prosperidad. 

Durante nuestros cuentos de las actividades comerciales históricas de Bérgamo, es la primera vez que no entrevistamos directamente a los fundadores o a los dueños. 

Sin embargo, Grazia es diferente. Nos cuenta esta historia igual que si le hubiera dado vida, con la gratitud de quien pudo crecer profesional y humanamente durante los años, alimentando su vida y su forma de ser. 

Es una mujer ecléctica, le gustan el diseño y la modernidad: y el montañismo, no por casualidad.  

Lleva veinte años trabajando por este negocio y ha podido apreciar sus calidades técnicas y estéticas también. 

Dice: “La belleza es cultura y esto es lo que me interesa más. No me centro en vender más, sino en compartir una experiencia, hacer algo distinto y divertirme”. 

Hace pocos meses ha creado una colaboración con el instituto superior de Arte Liceo Artístico Manzù de Bérgamo: juntos han realizado una exposición en la tienda sobre el cantante Fabrizio De André.  

“Fue a clase con los estudiantes y hablamos de arte, música y publicidad. Ellos han realizado varias instalaciones de gráfica, dibujo y escultura que se han expuesto en la tienda y en los escaparates. 

Por ella, las colaboraciones representan una ocasión más de contaminación positiva, que ayudan a enriquecer la curiosidad y a no aburrirse. 

Grazia, que maneja la tienda, cuida también a tres colaboradores: Mascia, Claudia y Giorgio, el más joven del equipo. “Tres mujeres y un chico guapo” dice con orgullo y cariño Grazia. 

“Mantener el armonía en el grupo es un desafío importante; sé que tengo que servir de ejemplo. Tengo que aprender algo cada día yo también: empatía, comunicación, trabajo en equipo”. 

Asì que de repente empuja a todo el grupo para que aprenda un poquito de ruso, para acoger mejor a los turistas. 

Hoy los clientes extranjeros representan un 25% del total y por Grazia esto supone una ocasión para aprender algo nuevo y fijar nuevos objetivos. “Las dificultades con el idioma creaban obstáculos en la relación con los clientes. Aprendimos algunas palabras y se abrieron un montón de sonrisas”. 

Grazia se centra mucho en la figura del señor Paolo Trento, empresario “de antaño” que miraba muy lejos, invirtiendo en las personas y en la investigación. 

“Era un hombre visionario y con él la empresa ha sido igual que una verdadera familia por mi”. 

Hoy el fundador de Mandarina Duck ha creado un Eco Villaggio (Aldea Ecológica) en Valmarecchia (Rimini), dónde sigue dando vida a sus pasiones: la sostenibilidad, las buenas relaciones y la innovación.   

Terminamos la entrevista preguntando a Grazie qué habría hecho si no hubiese encontrado la empresa por la cual lleva veinte años trabajando. Nos contesta sin indecisión: “Me habría ocupado de arte y ecología”.  

 


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