FRATELLI RECALCATI

Descripción

En vía Sant’Orsola, la larga calle llena de tiendas en el corazón del centro de Bérgamo, hay un pedazo de historia de la ciudad.

Se trata de la tienda de joyería de los hermanos Recalcati, Guido y Fernando: relojero el primero y orfebre el segundo, se ocupan de esta tienda desde siempre.

Hemos hablado con ellos junto con la asociación Distretto Urbano del Commercio: esta es su historia.

Es la historia de una pasión que acompaña para toda la vida.

Guido recibió su primer reloj el día de su primera comunión, pero no era un reloj nuevo y tenía que ser arreglado; asì, curioso, empezó a abrirlo para entender sus  mecanismos y para apreciar su refinado mecanismo.

GUido entendió inmediatamente que la parte más preciosa de un reloj es su interior, protegido como un auténtico tesoro y visible solamente a pocas personas.

“Era solamente un chico cuando papà se fue - nos  cuenta con una ligera sonrisa - y mama nos aconsejó’ que fuéramos a trabajar; no quería que nos volviéramos vagos” dice sonriendo.

Eran los años Cincuenta cuando Guido se despertaba al amanecer cada mañana para ir a Milán: aquí la Posguerra había creado un buen nivel de bienestar y los relojes eran mucho más bonitos y elegantes con respecto a los que había visto antes.

“Había la Scala, las óperas, y las mujeres llevaban bolsitas de oro y los hombres alardeaban con orgullo sus cajas de cigarrillos doradas y relojes de bolsillo”.

Guido nos describe esos años cerrando los ojos, para centrarse mejor en los recuerdos sin perderlos. Luego de repente abre los ojos cómo un niño testigo de una magia, ve los clientes y esos espléndidos relojes que tenían que ser arreglados “¡para el día antes de que se estropeen!

Dice que esa fue una ocasión importante, aunque el viaje tardaba unas horas, pero de otra forma nunca hubiera tenido otra oportunidad de ver esas maravillas ni de aprender realmente una profesión.

Porque “es posible ser buenos relojeros aún no sabiendo lo que pasaba en el siglo XVIII”, pero la parte más interesantes - por él - se esconde en los cuentos menos conocidos: de esta manera, toda su vida profesional y privada ha sido llena de mil preguntas y de historias extraordinarias de objetos y personas encontradas durante este larguísimo viaje por el tiempo.

¿Sabías que fue un reloj de bolsillo el que hizo que parte de la tripulación del Bounty regresara a Inglaterra? ¿Y que Pietro Fanzago, antes de empezar a realizar el gran reloj de Clusone, dijo: “Dios me dio cierto tipo de inteligencia y voy a demostrarlo construyendo un reloj único”?

Guido habla despacio, al compás de los muchos objetos alrededor de él De vez en cuando se para y abre una vitrina despacio, coge una caja de música , una péndola, un reloj de bolsillo, los abre, nos enseña los engranajes y nos hace escuchar los sonidos.

Nos encanta durante dos horas con los objetos de su tienda de vía Sant’Orsola y es como si hiciéramos un viaje en el tiempo, un viaje lleno de magia, música y cariño.  

De vez en cuando aparece su hermano Fernando: él es orfebre, quieto y callado, con el cual comparte el trabajo de toda una vida.  

Al salir de la tienda ya tenemos ganas de volver, para escucharlo otra vez y admirar mientras arregla con tanta paciencia nuestros objetos queridos, seguros de que poner nuestros recuerdos más preciosos en manos expertas.


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En vía Sant’Orsola, la larga calle llena de tiendas en el corazón del centro de Bérgamo, hay un pedazo de historia de la ciudad.

Se trata de la tienda de joyería de los hermanos Recalcati, Guido y Fernando: relojero el primero y orfebre el segundo, se ocupan de esta tienda desde siempre.

Hemos hablado con ellos junto con la asociación Distretto Urbano del Commercio: esta es su historia.

Es la historia de una pasión que acompaña para toda la vida.

Guido recibió su primer reloj el día de su primera comunión, pero no era un reloj nuevo y tenía que ser arreglado; asì, curioso, empezó a abrirlo para entender sus  mecanismos y para apreciar su refinado mecanismo.

GUido entendió inmediatamente que la parte más preciosa de un reloj es su interior, protegido como un auténtico tesoro y visible solamente a pocas personas.

“Era solamente un chico cuando papà se fue - nos  cuenta con una ligera sonrisa - y mama nos aconsejó’ que fuéramos a trabajar; no quería que nos volviéramos vagos” dice sonriendo.

Eran los años Cincuenta cuando Guido se despertaba al amanecer cada mañana para ir a Milán: aquí la Posguerra había creado un buen nivel de bienestar y los relojes eran mucho más bonitos y elegantes con respecto a los que había visto antes.

“Había la Scala, las óperas, y las mujeres llevaban bolsitas de oro y los hombres alardeaban con orgullo sus cajas de cigarrillos doradas y relojes de bolsillo”.

Guido nos describe esos años cerrando los ojos, para centrarse mejor en los recuerdos sin perderlos. Luego de repente abre los ojos cómo un niño testigo de una magia, ve los clientes y esos espléndidos relojes que tenían que ser arreglados “¡para el día antes de que se estropeen!

Dice que esa fue una ocasión importante, aunque el viaje tardaba unas horas, pero de otra forma nunca hubiera tenido otra oportunidad de ver esas maravillas ni de aprender realmente una profesión.

Porque “es posible ser buenos relojeros aún no sabiendo lo que pasaba en el siglo XVIII”, pero la parte más interesantes - por él - se esconde en los cuentos menos conocidos: de esta manera, toda su vida profesional y privada ha sido llena de mil preguntas y de historias extraordinarias de objetos y personas encontradas durante este larguísimo viaje por el tiempo.

¿Sabías que fue un reloj de bolsillo el que hizo que parte de la tripulación del Bounty regresara a Inglaterra? ¿Y que Pietro Fanzago, antes de empezar a realizar el gran reloj de Clusone, dijo: “Dios me dio cierto tipo de inteligencia y voy a demostrarlo construyendo un reloj único”?

Guido habla despacio, al compás de los muchos objetos alrededor de él De vez en cuando se para y abre una vitrina despacio, coge una caja de música , una péndola, un reloj de bolsillo, los abre, nos enseña los engranajes y nos hace escuchar los sonidos.

Nos encanta durante dos horas con los objetos de su tienda de vía Sant’Orsola y es como si hiciéramos un viaje en el tiempo, un viaje lleno de magia, música y cariño.  

De vez en cuando aparece su hermano Fernando: él es orfebre, quieto y callado, con el cual comparte el trabajo de toda una vida.  

Al salir de la tienda ya tenemos ganas de volver, para escucharlo otra vez y admirar mientras arregla con tanta paciencia nuestros objetos queridos, seguros de que poner nuestros recuerdos más preciosos en manos expertas.