Tijuana

Tijuana

Descripción

Esta es la historia de un viaje muy largo de ida y de un regreso. La aventura necesaria de dos familias, una de Liguria, la otra de Véneto, que poco después de la Unificación del Reino de Italia salieron para buscar fortuna a Latinoamérica, el sueño de toda una vida. También es la historia de su vuelta a Italia, a través de sus descendientes.  

Con el Distretto Urbano del Commercio encontramos a Enrique y Berenice, amos del Tijuana, que nos contaron cómo nació su restaurante.  

Durante cinco generaciones sus familias han vivido, trabajado y criado sus hijos entre Brasil, Argentina, Perù y Uruguay, dedicándose con compromiso al sector agroalimentario. Luego, a comienzos de los años Noventa, debido a la crisis y a la inestabilidad económica de Latinoamérica, la familia Raffo tuvo que regresar a sus raíces, hacia un futuro totalmente nuevo. 

Enrique, su mujer Berenice y sus tres hijos - Valeria (8 años), camila (6 años) y Giancarlo (4 años) dejaron su hogar, su trabajo, su familia, sus amigos, su querida Curtiba y desde el sur de Brasil salieron en dirección de Bérgamo.  

No obstante las incertidumbres, estaban seguros de que iban a ganar. 

Nos dice así la señora Berenice, con la mirada llena de coraje, sentada al lado de su hija Camila y sonriente, serena y orgullosa, contándonos la historia de su vida: “Para sobrevivir hay que ponerse a prueba. Y nosotros siempre lo hicimos, los cinco juntos”. 

Llegaron a Bérgamo porque aquí conocían un amigo de familia, Gianni Balduzzi, que con generosidad les ayudó para que conocieran mejor el territorio. Encontraron su primera casa en alquiler en la Roncola San Bernardo, donde los niños crecieron rodeados por la naturaleza y aprendiendo dentro de pocos meses el italiano. Berenice y Enrique trabajaban duramente en dos locales distintos. Él aprendió a hacer pizzas, ella trabajaba en un local. Durante algún tiempo los hijos iban con ella y a veces dormían en el coche; luego, cuando eran mayores, Berenice les dejaba la comida y los tres niños, con responsabilidad, cuidaban los unos a los otros. Todos sabían que formaban parte del mismo proyecto y que ser una familia significa sobre todo actuar en equipo para hacer frente a los retos.  

Cuando estar lejos de sus hijos se hizo demasiado arduo, Berenice “pidió” - dice mirando al cielo - “Que llegará un trabajo para que pudiera estar con sus niños”. 

Y asì sucedio’. Mientras que su marido seguía trabajando como pizzero para mejorar sus capacidades y para continuar a tener ingresos seguros, ella abrió una pequeña pizzería para llevar en Borgo Santa Caterina.  

Su esposo se levantaba temprano y elaboraba las masas, los hijos después del colegio iban a la pizzería y ayudaban extendiendo las pizzas y atendiendo a la caja registradora. Era el año 1997.  

“La masa brasileña fue un verdadero éxito y solamente seis meses después Enrique también pudo dejar su trabajo para dedicarse a nuestro local. Estábamos juntos otra vez y no nos hemos separado nunca más.” 

Camila tiene los mismos ojos densos de su mamá y nos cuenta con alegría cada experiencia vivida. “¡Era tan rápida en hacer pizzas! El local era pequeño y había que alternarse en el banco. ¡En algún momento llegamos a tener diez mozos ayudándonos con la entrega de las pizzas!” 

Al poco tiempo, en 2001, llegó una nueva oportunidad y la familia respondió al reto: así nació el Tijuana Ristorante Argentino con contaminaciones gastronómicas de toda parte de Latinoamérica y de Italia.   

“Mi marido y yo compartimos el espíritu aventurero y la certidumbre que la vida siempre nos abre muchas puertas”. Camila, que con un título de psicóloga maneja con su hermano Giancarlo los dos restaurantes de familia (el segundo se sitúa en Spirano), agrega: “Papà non enseñó a arriesgarnos y mamá supo transmitirnos su fuerza: para nosotros es un auténtico pilar”. 

Las dos mujeres se miran con ternura y estupor, luego Berenice añade: “El cielo me dio tres hijos estupendos. Yo me puso a su lado para que no se caeran”. 

Al relatar, la señora Berenice busca con atención cada palabra. A veces se disculpa por su italiano imperfecto, pero conoce muy bién los significados más altos de este idioma: estudió filosofía y le gusta la poesía, sobre todo la de Goethe y de Alda Merini. 

 Son las 12.30 en el restaurante y los primeros clientes empiezan a llegar. Berenice interrumpe su cuento para saludar y para atender a sus huéspedes: “Para mi ellos son igual que mis “abuelitos” y cuando llegan siempre les digo: dejad a un lado la tristeza, poneos cómodos y comed bien”.


La carne utilizzata viene acquistata direttamente in Argentina.

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Esta es la historia de un viaje muy largo de ida y de un regreso. La aventura necesaria de dos familias, una de Liguria, la otra de Véneto, que poco después de la Unificación del Reino de Italia salieron para buscar fortuna a Latinoamérica, el sueño de toda una vida. También es la historia de su vuelta a Italia, a través de sus descendientes.  

Con el Distretto Urbano del Commercio encontramos a Enrique y Berenice, amos del Tijuana, que nos contaron cómo nació su restaurante.  

Durante cinco generaciones sus familias han vivido, trabajado y criado sus hijos entre Brasil, Argentina, Perù y Uruguay, dedicándose con compromiso al sector agroalimentario. Luego, a comienzos de los años Noventa, debido a la crisis y a la inestabilidad económica de Latinoamérica, la familia Raffo tuvo que regresar a sus raíces, hacia un futuro totalmente nuevo. 

Enrique, su mujer Berenice y sus tres hijos - Valeria (8 años), camila (6 años) y Giancarlo (4 años) dejaron su hogar, su trabajo, su familia, sus amigos, su querida Curtiba y desde el sur de Brasil salieron en dirección de Bérgamo.  

No obstante las incertidumbres, estaban seguros de que iban a ganar. 

Nos dice así la señora Berenice, con la mirada llena de coraje, sentada al lado de su hija Camila y sonriente, serena y orgullosa, contándonos la historia de su vida: “Para sobrevivir hay que ponerse a prueba. Y nosotros siempre lo hicimos, los cinco juntos”. 

Llegaron a Bérgamo porque aquí conocían un amigo de familia, Gianni Balduzzi, que con generosidad les ayudó para que conocieran mejor el territorio. Encontraron su primera casa en alquiler en la Roncola San Bernardo, donde los niños crecieron rodeados por la naturaleza y aprendiendo dentro de pocos meses el italiano. Berenice y Enrique trabajaban duramente en dos locales distintos. Él aprendió a hacer pizzas, ella trabajaba en un local. Durante algún tiempo los hijos iban con ella y a veces dormían en el coche; luego, cuando eran mayores, Berenice les dejaba la comida y los tres niños, con responsabilidad, cuidaban los unos a los otros. Todos sabían que formaban parte del mismo proyecto y que ser una familia significa sobre todo actuar en equipo para hacer frente a los retos.  

Cuando estar lejos de sus hijos se hizo demasiado arduo, Berenice “pidió” - dice mirando al cielo - “Que llegará un trabajo para que pudiera estar con sus niños”. 

Y asì sucedio’. Mientras que su marido seguía trabajando como pizzero para mejorar sus capacidades y para continuar a tener ingresos seguros, ella abrió una pequeña pizzería para llevar en Borgo Santa Caterina.  

Su esposo se levantaba temprano y elaboraba las masas, los hijos después del colegio iban a la pizzería y ayudaban extendiendo las pizzas y atendiendo a la caja registradora. Era el año 1997.  

“La masa brasileña fue un verdadero éxito y solamente seis meses después Enrique también pudo dejar su trabajo para dedicarse a nuestro local. Estábamos juntos otra vez y no nos hemos separado nunca más.” 

Camila tiene los mismos ojos densos de su mamá y nos cuenta con alegría cada experiencia vivida. “¡Era tan rápida en hacer pizzas! El local era pequeño y había que alternarse en el banco. ¡En algún momento llegamos a tener diez mozos ayudándonos con la entrega de las pizzas!” 

Al poco tiempo, en 2001, llegó una nueva oportunidad y la familia respondió al reto: así nació el Tijuana Ristorante Argentino con contaminaciones gastronómicas de toda parte de Latinoamérica y de Italia.   

“Mi marido y yo compartimos el espíritu aventurero y la certidumbre que la vida siempre nos abre muchas puertas”. Camila, que con un título de psicóloga maneja con su hermano Giancarlo los dos restaurantes de familia (el segundo se sitúa en Spirano), agrega: “Papà non enseñó a arriesgarnos y mamá supo transmitirnos su fuerza: para nosotros es un auténtico pilar”. 

Las dos mujeres se miran con ternura y estupor, luego Berenice añade: “El cielo me dio tres hijos estupendos. Yo me puso a su lado para que no se caeran”. 

Al relatar, la señora Berenice busca con atención cada palabra. A veces se disculpa por su italiano imperfecto, pero conoce muy bién los significados más altos de este idioma: estudió filosofía y le gusta la poesía, sobre todo la de Goethe y de Alda Merini. 

 Son las 12.30 en el restaurante y los primeros clientes empiezan a llegar. Berenice interrumpe su cuento para saludar y para atender a sus huéspedes: “Para mi ellos son igual que mis “abuelitos” y cuando llegan siempre les digo: dejad a un lado la tristeza, poneos cómodos y comed bien”.


La carne utilizzata viene acquistata direttamente in Argentina.

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