Da Mimmo

Descripción

Con el Distretto Urbano del Commercio encontramos la familia Amaddeo, que gestiona su restaurante-pizzería “Da Mimmo”, en Città Alta. A continuación, la historia de su negocio:  

Esta historia ha ocurrido y sigue ocurriendo en el precioso marco de la ciudad vieja de Bérgamo.

Aquí - en 1956 - llegaron desde Calabria el Señor Mimmo Amaddeo y su mujer Lina. Aquí en el mismo año abrió la primera pizzería de città alta: el restaurante Da Mimmo.  

Más que la experiencia de la emigración, Mimmo había vivido la guerra y la clandestinidad. 

Había visto la crueldad de la que los seres humanos eran capaces y al mismo tiempo había experimentado la gracia de ser rescatado por el enemigo. 

Todo esto, durante los años siguientes, supo convertirlo en un hombre tranquilo y alegre, que luchaba contra lo malo con ligereza y gratitud. 

Vivió el posguerra teniendo conciencia de que “lograrlo” no podía ser algo individual conseguido por el mejor o por el más listo, sino que representaba un sueño colectivo en el cual todo el mundo participaba, para “lograrlo juntos”. 

En un pequeño libro autobiográfico, el señor Mimmo escribe: Les agradezco a quienes me explotaron, porque me enseñaron a no explotar. 

Si alguien pasaba por la pizzería, tenía hambre y no podía pagar, él y lina le daban de comer, tomando en cambio lo que cada uno podía dar: una pintura de un artista con poca suerte o bien la promesa de un pago futuro. 

Estaban seguros de que cada persona tenía algo para dar y sobre este convencimiento realizaron su subsidiariedad desavisada. 

El restaurante ofrece una oportunidad a todos: desconocidos, pobres, ex encarcelados, extranjeros, porque todos estamos en el mismo barco y porque los que más tenían hambre más ganas tenían también de aprender y de conseguir un trabajo que les devolviera su dignidad y el coraje de abordar a sus familias. 

A Lina y Mimmo - que ya en los años Cincuenta firmaban con todos - no le importaban las definiciones, sino los resultados: les pedían esfuerzo a todos para que se sintieran corresponsables del negocio y les animaban a crecer. Animaban a sus dependientes para que se casaran, se asentaran, conseguiesen la licencia, siempre les fomentaban y les pedían mucho a sus dependientes, compartiendo cada día la misma mesa: “porque allí suceden las mejores cosas”. 

El señor Mimmo falleció en 2017. Hoy en su restaurante, gestionado por dos de sus siete hijos - Roberto y Massimo - trabajan aproximadamente 80 personas, de más de 20 países distintos: italianos del norte y del sur, gente de Marruecos, Senegal, Etiopía, Albania, Argentina, Croacia, Eslovenia, Perú, República Dominicana, Tunisia, Brasil, Siria, Bengala, Rusia, Polonia, Madagascar, Bolivia, Ucrania, Gambia, Romania, Nigeria, Serbia, Egipto y Sri Lanka. 

Todavía siguen sentándose a comer compartiendo la misma mesa y se sigue evaluando su trabajo y su actitud como personas. Sea lo que sea lo que hicieron antes, aquí pueden encontrar un hogar donde empezar de cero. 

Lina, con su mirada materna, sigue acompañando la vida de cada uno de ellos: Cumba, 50 años, de Senegal, se emociona al contarnos cómo a “nonna Lina” le baste con un “buongiorno” para entender cómo te encuentras (“ella siempre lo entiende todo, incluso antes que tú lo hagas. Es como una mamá por nosotros”).  

Alem, que se huyó de la guerra en Etiopía, recuerda con gratitud los primeros años de trabajo, quando le permitían llevarse consigo a su hija (que hoy tiene 26 años) y mientras que trabajaba “la abuela Lina” cuidaba a la niña, dándole libros para colorear en una de las mesas del restaurante.  

También se recuerda de aquella vez cuando un cliente pidió que ella no le sirviera la mesa, y uno de los hijos de Mimmo se puso a su lado diciendo “me encargo yo de su orden, pero ella trabaja por mi y estará aquí a mi lado”. En ese momento entendió que finalmente se encontraba en su casa. 

Luego hay Nizaar, desterrado tunisino con una auténtica odisea a su espaldas, que gracias a su tenacidad y a sus ganas de aprender se convirtió en un “pizzaiolo” extraordinario y tuvo así la oportunidad de nacer otra vez. 

Al preguntarle sobre Mimmo se para, coge aire, porque hablar (y escribir también) por él requiere compromiso y cura, y nos dice que “era un hombre con un corazón grande. La verdad es que uno nace caballero”. 

No cabe duda de que el señor Mimmo fue un empresario muy hábil, pero su mayor innovación - según su hijo Roberto - fue su confianza en los demás.  

Confiar era también una necesidad, pero cabe decir que no siempre Mimmo tuvo suerte, porque a veces alguien aprovechó de su generosidad y traicionó su confianza. 

Sin embargo Mimmo, que durante su vida había sufrido cosas peores y que pese a los esfuerzos nunca dejaba de sonreír, iba adelante con determinación y con generosidad: en su opinión, seguir equivocándose era importante. Decia “no importa, lo bueno regresa” y a menudo se convertía en un padre misericordioso capaz de volver a acoger a los que regresaban.  

Hoy sus hijos continúan esta historia con la voluntad sin fin que heredaron por su padre. Han aprendido el gran valor de compartir el conocimiento, de formarse recíprocamente, incluso haciendo una pizza e invirtiendo cada día en la independencia del otro. 

Cuando le preguntamos a Roberto, el hijo mayor de Mimmo y Lina, cual es por él el regalo más grande de esta experiencia, nos contesta: “ver una de nuestras dependientes frente a una tienda de ropa para niños y saber que si podrá cumplir el sueño de comprar una de esas prendas para su hija” o también “asistir a la boda de uno de ellos, acompañar a abrir un negocio o a comprar casa. Ver que todo circula: lo bueno y la economía también. 

Porque las cosas más extraordinarias suceden en lo ordinario, donde la tanto la responsabilidad como la confianza funcionan solamente cuando son mutuas”.

 


Pensar en pequeño y soñar en grande. Esta es la filosofía del restaurante Da Mimmo, que siempre propone recetas de familia, productos “Bérgamo ciudad de los mil sabores”, presidios Slow Food e ingredientes que cambian según la temporada. No te pierdas la pizza Margherita DOC, preparada con mozzarella de búfala, tomates Pachino, albahaca fresca y aceite extra-virgen de aceituna: productos simples y de alta calidad, para una pizza deliciosa y genuina.
Frente al restaurante Da Mimmo hay Mimì - La casa dei Sapori, la tienda fundada en 1998 para que todo el mundo pueda llevarse a casa las especialidades de Da Mimmo. Mimì abrazó la iniciativa Trentacinqueuro.it.

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Con el Distretto Urbano del Commercio encontramos la familia Amaddeo, que gestiona su restaurante-pizzería “Da Mimmo”, en Città Alta. A continuación, la historia de su negocio:  

Esta historia ha ocurrido y sigue ocurriendo en el precioso marco de la ciudad vieja de Bérgamo.

Aquí - en 1956 - llegaron desde Calabria el Señor Mimmo Amaddeo y su mujer Lina. Aquí en el mismo año abrió la primera pizzería de città alta: el restaurante Da Mimmo.  

Más que la experiencia de la emigración, Mimmo había vivido la guerra y la clandestinidad. 

Había visto la crueldad de la que los seres humanos eran capaces y al mismo tiempo había experimentado la gracia de ser rescatado por el enemigo. 

Todo esto, durante los años siguientes, supo convertirlo en un hombre tranquilo y alegre, que luchaba contra lo malo con ligereza y gratitud. 

Vivió el posguerra teniendo conciencia de que “lograrlo” no podía ser algo individual conseguido por el mejor o por el más listo, sino que representaba un sueño colectivo en el cual todo el mundo participaba, para “lograrlo juntos”. 

En un pequeño libro autobiográfico, el señor Mimmo escribe: Les agradezco a quienes me explotaron, porque me enseñaron a no explotar. 

Si alguien pasaba por la pizzería, tenía hambre y no podía pagar, él y lina le daban de comer, tomando en cambio lo que cada uno podía dar: una pintura de un artista con poca suerte o bien la promesa de un pago futuro. 

Estaban seguros de que cada persona tenía algo para dar y sobre este convencimiento realizaron su subsidiariedad desavisada. 

El restaurante ofrece una oportunidad a todos: desconocidos, pobres, ex encarcelados, extranjeros, porque todos estamos en el mismo barco y porque los que más tenían hambre más ganas tenían también de aprender y de conseguir un trabajo que les devolviera su dignidad y el coraje de abordar a sus familias. 

A Lina y Mimmo - que ya en los años Cincuenta firmaban con todos - no le importaban las definiciones, sino los resultados: les pedían esfuerzo a todos para que se sintieran corresponsables del negocio y les animaban a crecer. Animaban a sus dependientes para que se casaran, se asentaran, conseguiesen la licencia, siempre les fomentaban y les pedían mucho a sus dependientes, compartiendo cada día la misma mesa: “porque allí suceden las mejores cosas”. 

El señor Mimmo falleció en 2017. Hoy en su restaurante, gestionado por dos de sus siete hijos - Roberto y Massimo - trabajan aproximadamente 80 personas, de más de 20 países distintos: italianos del norte y del sur, gente de Marruecos, Senegal, Etiopía, Albania, Argentina, Croacia, Eslovenia, Perú, República Dominicana, Tunisia, Brasil, Siria, Bengala, Rusia, Polonia, Madagascar, Bolivia, Ucrania, Gambia, Romania, Nigeria, Serbia, Egipto y Sri Lanka. 

Todavía siguen sentándose a comer compartiendo la misma mesa y se sigue evaluando su trabajo y su actitud como personas. Sea lo que sea lo que hicieron antes, aquí pueden encontrar un hogar donde empezar de cero. 

Lina, con su mirada materna, sigue acompañando la vida de cada uno de ellos: Cumba, 50 años, de Senegal, se emociona al contarnos cómo a “nonna Lina” le baste con un “buongiorno” para entender cómo te encuentras (“ella siempre lo entiende todo, incluso antes que tú lo hagas. Es como una mamá por nosotros”).  

Alem, que se huyó de la guerra en Etiopía, recuerda con gratitud los primeros años de trabajo, quando le permitían llevarse consigo a su hija (que hoy tiene 26 años) y mientras que trabajaba “la abuela Lina” cuidaba a la niña, dándole libros para colorear en una de las mesas del restaurante.  

También se recuerda de aquella vez cuando un cliente pidió que ella no le sirviera la mesa, y uno de los hijos de Mimmo se puso a su lado diciendo “me encargo yo de su orden, pero ella trabaja por mi y estará aquí a mi lado”. En ese momento entendió que finalmente se encontraba en su casa. 

Luego hay Nizaar, desterrado tunisino con una auténtica odisea a su espaldas, que gracias a su tenacidad y a sus ganas de aprender se convirtió en un “pizzaiolo” extraordinario y tuvo así la oportunidad de nacer otra vez. 

Al preguntarle sobre Mimmo se para, coge aire, porque hablar (y escribir también) por él requiere compromiso y cura, y nos dice que “era un hombre con un corazón grande. La verdad es que uno nace caballero”. 

No cabe duda de que el señor Mimmo fue un empresario muy hábil, pero su mayor innovación - según su hijo Roberto - fue su confianza en los demás.  

Confiar era también una necesidad, pero cabe decir que no siempre Mimmo tuvo suerte, porque a veces alguien aprovechó de su generosidad y traicionó su confianza. 

Sin embargo Mimmo, que durante su vida había sufrido cosas peores y que pese a los esfuerzos nunca dejaba de sonreír, iba adelante con determinación y con generosidad: en su opinión, seguir equivocándose era importante. Decia “no importa, lo bueno regresa” y a menudo se convertía en un padre misericordioso capaz de volver a acoger a los que regresaban.  

Hoy sus hijos continúan esta historia con la voluntad sin fin que heredaron por su padre. Han aprendido el gran valor de compartir el conocimiento, de formarse recíprocamente, incluso haciendo una pizza e invirtiendo cada día en la independencia del otro. 

Cuando le preguntamos a Roberto, el hijo mayor de Mimmo y Lina, cual es por él el regalo más grande de esta experiencia, nos contesta: “ver una de nuestras dependientes frente a una tienda de ropa para niños y saber que si podrá cumplir el sueño de comprar una de esas prendas para su hija” o también “asistir a la boda de uno de ellos, acompañar a abrir un negocio o a comprar casa. Ver que todo circula: lo bueno y la economía también. 

Porque las cosas más extraordinarias suceden en lo ordinario, donde la tanto la responsabilidad como la confianza funcionan solamente cuando son mutuas”.

 


Pensar en pequeño y soñar en grande. Esta es la filosofía del restaurante Da Mimmo, que siempre propone recetas de familia, productos “Bérgamo ciudad de los mil sabores”, presidios Slow Food e ingredientes que cambian según la temporada. No te pierdas la pizza Margherita DOC, preparada con mozzarella de búfala, tomates Pachino, albahaca fresca y aceite extra-virgen de aceituna: productos simples y de alta calidad, para una pizza deliciosa y genuina.
Frente al restaurante Da Mimmo hay Mimì - La casa dei Sapori, la tienda fundada en 1998 para que todo el mundo pueda llevarse a casa las especialidades de Da Mimmo. Mimì abrazó la iniciativa Trentacinqueuro.it.

A la carta

PLATOS DE LA TRADICIÓN

  • Entremés de la calidad cercana
  • Cata de: queso Agrì di Valtorta con miel del Parco dei Colli, pequeña polenta bergamasca con queso Stracchino all’Antica delle Valli Orobiche, salchichón bergamasco, bruschetta de pan cocido en horno de leña con lardo bergamasco aromatizado con romero. €13,00
  • “Casonsèi de la bergamasca” con panceta local – raviolis bergamascos rellenos de carne con pera y amaretti 12,00
  • Raviolis de verduras rellenos de queso Agrì di Valtorta con mantequilla de montaña y salvia 12,00
  • Bacalao mantecado con polenta (con harina de maíz Spinato di Gandino) 16,00
  • Pincho de conejo bergamasco con polenta y salsa de uva labrusca de la Maresana
Especialidades

No te pierdas la pizza Margherita DOC, preparada con mozzarella de búfala, tomates Pachino, albahaca fresca y aceite extra-virgen de aceituna: productos simples y de alta calidad, para una pizza deliciosa y genuina.

Menu

MENU 35EURO

MENÚ HIPERTÍPICO

Pequeño entremés:

  • Polentina bergamasca con queso Stracchino all’Antica delle Valli Orobiche y salchichón bergamasco

Primer Plato

  • “I Casonsèi alla bergamasca”: raviolis bergamascos tradicionales rellenos de carne  con pera y amaretti, servidos con mantequilla de los Orobie, queso Formai de Müt y panceta local.

Plato principal:

  • Pincho de conejo con lardo bergamasco y espinacas, con mantequilla de montaña.

Postre:

  • Queso Agrì di Valtorta con miel del Parco dei Colli

Agua y 1 vaso de vino Valcalepio Rosso DOC -Az. Agricola Medolago Albani-2012

Continuar

Pequeño entremés:

  • Polentina bergamasca con queso Stracchino all’Antica delle Valli Orobiche y salchichón bergamasco

Primer Plato

  • “I Casonsèi alla bergamasca”: raviolis bergamascos tradicionales rellenos de carne  con pera y amaretti, servidos con mantequilla de los Orobie, queso Formai de Müt y panceta local.

Plato principal:

  • Pincho de conejo con lardo bergamasco y espinacas, con mantequilla de montaña.

Postre:

  • Queso Agrì di Valtorta con miel del Parco dei Colli

Agua y 1 vaso de vino Valcalepio Rosso DOC -Az. Agricola Medolago Albani-2012