Marienplatz

Marienplatz

Descripción

En el centro de la ciudad, precisamente en un patio de vía Pignolo, desde hace más de veinte años hay un lugar mágico, con una calurosa atmósfera bávara. 

Con el Distretto Urbano del Commercio encontramos a su amo, Silvano Grumelli, que nos ha contado todo sobre la historia de su negocio. 

Silvano: nacido en 1968 en Redona, Bérgamo, un hombre grande con los ojos buenos y un gran hablador. 

A menudo se puede encontrar detrás de la barra del bar, llevando los típicos tirantes alemanes, espitando cerveza o sentado en el StammTisch - la mesa de los clientes habituales - con los cuales le gusta entretenerse en alegría. 

Durante estos años, aquí Silvano ha aprendido el gran valor que tiene la convivialidad: disfrutar una comida juntos, bebiendo una o más cervezas, y sobre todo apreciando el tiempo largo de las buenas relaciones. Incluso las de una noche sola. 

“Me toman el pelo, porque soy una de las pocas personas que al salir de la autopista, siempre busca al peajero. ¡Siempre me gusta el contacto humano, en cualquier situación!”.  

Si uno le pide qué es el Marienplatz, contesta inmediatamente “un estilo de vida”: esto tiene que ver con el  respeto de las tradiciones, las ganas de estar en compañía, la eficiencia y el sentido cívico típico de Baviera y Tirol. “Y pensar que, cuando era un chico, no bebía cerveza, odiaba los bratwurst y en alemán siempre tomaba malas notas”. 

Sin embargo, ya cuando era niño soñaba con tener su propio restaurante y a los ocho años secaba los vasos y arreglaba las botellas en un local de familia en Grumello del Monte. Luego, en la adolescencia, cuando los otros jugaban a fútbol, él trabajaba en el pub Half Moon (el primero de la ciudad):”No me servía trabajar, lo hacía porque me gustaba”.
Después de la escuela hotelera, por él fue fundamental el encuentro con Mirko Panattoni del Cafè La Marianna. Esto se le nota porque tanto la mirada como sus palabras se llenan de emoción y de gratitud. “He pasado ocho años con él, y aunque trabajaba mucho, lo he pasado muy bien. El Señor Enrico ha confiado en mí desde hace el primer momento y le sugirió a su hijo que me contratara. Incluso porque yo estaba cumpliendo el servicio militar en los carabinieri”.  

“En los varios sitios donde he trabajado nunca hubo cuestiones sobre el respecto de los papeles y nunca olvidé un ‘Sì, Chef’”. Silvano nos cuenta varios episodios y aventuras que le han ocurrido durante los años de experiencia, a veces se echa a reír a carcajadas, a veces se hace muy serio:”Todo me ha servido. Cada vez aprendí algo: a ser rápido en pizzería, a acordarme de las preferencias de los clientes en el bar. Hoy cuando un cliente habitual cruza el patio del Marienplatz, ya estoy sirviéndole su cerveza preferida.” 

El tiempo que dedica a sus clientes es su preferido: a veces habla de política, otras de fútbol o de viajes. Sabe que cada noche, cuando sale del vestidor, comienza el show. Se recuerda de aquel maitre que encontró cuando era joven que durante las pausas leía el diccionario “para entender lo que dicen los clientes”. “Tenía razón - comenta Silvano - tienes que conocer algo de todo y escuchar, no solo con las orejas. Por el tono que utilizan al teléfono, yo entiendo si tienen que sentarse a una mesa más tranquila”.  

Frecuentemente Silvano pasa por via Pignolo, saluda a sus colegas de las otras tiendas, controla que las flores de los residentes del barrio estén bien, come algo en el bar o en la nueva pizzería: “La calle es como una familia. No hay sentido de competición: ¡ojalá que abrieran más negocios! Significan nueva energía y siempre hay algo que aprender. Es necesario que la economía se active y que la gente disfrute”. 

Sentado en el stammtisch, entre una cerveza, un bretzel y un speck, nos envuelve un delicioso perfume a pan fresco: Silvano nos enseña con orgullo su pan, “con cinco cereales. Tenía que encender el horno antes, pero me puso a charlar con una vecina y ha crecido demasiado. ¿Pero está precioso, verdad?”

Hablando de belleza, por el Marienplatz haría falta un día entero solamente para mirar el local: desde la silenciosa Via Pignolo se entra al mundo hechizado de la Baviera, con corazones de estaño, miniaturas de aviones, utensilios de cocina de antaño, cajones mágicos y trofeos. La bienvenida del local es la cesta de pan fresco, con un brazuelo en el fogón.   

Empezamos a tener hambre. 

Una última pregunta: entre bratwurst, knödel y gulashsuppe…¿Cuál es su comida preferida?

”¡Los gnocchi de mi mamá! 



[Horarios]

Todos los días 

Desde las 12 hasta las 15 | desde las 19 hasta muy tarde 


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En el centro de la ciudad, precisamente en un patio de vía Pignolo, desde hace más de veinte años hay un lugar mágico, con una calurosa atmósfera bávara. 

Con el Distretto Urbano del Commercio encontramos a su amo, Silvano Grumelli, que nos ha contado todo sobre la historia de su negocio. 

Silvano: nacido en 1968 en Redona, Bérgamo, un hombre grande con los ojos buenos y un gran hablador. 

A menudo se puede encontrar detrás de la barra del bar, llevando los típicos tirantes alemanes, espitando cerveza o sentado en el StammTisch - la mesa de los clientes habituales - con los cuales le gusta entretenerse en alegría. 

Durante estos años, aquí Silvano ha aprendido el gran valor que tiene la convivialidad: disfrutar una comida juntos, bebiendo una o más cervezas, y sobre todo apreciando el tiempo largo de las buenas relaciones. Incluso las de una noche sola. 

“Me toman el pelo, porque soy una de las pocas personas que al salir de la autopista, siempre busca al peajero. ¡Siempre me gusta el contacto humano, en cualquier situación!”.  

Si uno le pide qué es el Marienplatz, contesta inmediatamente “un estilo de vida”: esto tiene que ver con el  respeto de las tradiciones, las ganas de estar en compañía, la eficiencia y el sentido cívico típico de Baviera y Tirol. “Y pensar que, cuando era un chico, no bebía cerveza, odiaba los bratwurst y en alemán siempre tomaba malas notas”. 

Sin embargo, ya cuando era niño soñaba con tener su propio restaurante y a los ocho años secaba los vasos y arreglaba las botellas en un local de familia en Grumello del Monte. Luego, en la adolescencia, cuando los otros jugaban a fútbol, él trabajaba en el pub Half Moon (el primero de la ciudad):”No me servía trabajar, lo hacía porque me gustaba”.
Después de la escuela hotelera, por él fue fundamental el encuentro con Mirko Panattoni del Cafè La Marianna. Esto se le nota porque tanto la mirada como sus palabras se llenan de emoción y de gratitud. “He pasado ocho años con él, y aunque trabajaba mucho, lo he pasado muy bien. El Señor Enrico ha confiado en mí desde hace el primer momento y le sugirió a su hijo que me contratara. Incluso porque yo estaba cumpliendo el servicio militar en los carabinieri”.  

“En los varios sitios donde he trabajado nunca hubo cuestiones sobre el respecto de los papeles y nunca olvidé un ‘Sì, Chef’”. Silvano nos cuenta varios episodios y aventuras que le han ocurrido durante los años de experiencia, a veces se echa a reír a carcajadas, a veces se hace muy serio:”Todo me ha servido. Cada vez aprendí algo: a ser rápido en pizzería, a acordarme de las preferencias de los clientes en el bar. Hoy cuando un cliente habitual cruza el patio del Marienplatz, ya estoy sirviéndole su cerveza preferida.” 

El tiempo que dedica a sus clientes es su preferido: a veces habla de política, otras de fútbol o de viajes. Sabe que cada noche, cuando sale del vestidor, comienza el show. Se recuerda de aquel maitre que encontró cuando era joven que durante las pausas leía el diccionario “para entender lo que dicen los clientes”. “Tenía razón - comenta Silvano - tienes que conocer algo de todo y escuchar, no solo con las orejas. Por el tono que utilizan al teléfono, yo entiendo si tienen que sentarse a una mesa más tranquila”.  

Frecuentemente Silvano pasa por via Pignolo, saluda a sus colegas de las otras tiendas, controla que las flores de los residentes del barrio estén bien, come algo en el bar o en la nueva pizzería: “La calle es como una familia. No hay sentido de competición: ¡ojalá que abrieran más negocios! Significan nueva energía y siempre hay algo que aprender. Es necesario que la economía se active y que la gente disfrute”. 

Sentado en el stammtisch, entre una cerveza, un bretzel y un speck, nos envuelve un delicioso perfume a pan fresco: Silvano nos enseña con orgullo su pan, “con cinco cereales. Tenía que encender el horno antes, pero me puso a charlar con una vecina y ha crecido demasiado. ¿Pero está precioso, verdad?”

Hablando de belleza, por el Marienplatz haría falta un día entero solamente para mirar el local: desde la silenciosa Via Pignolo se entra al mundo hechizado de la Baviera, con corazones de estaño, miniaturas de aviones, utensilios de cocina de antaño, cajones mágicos y trofeos. La bienvenida del local es la cesta de pan fresco, con un brazuelo en el fogón.   

Empezamos a tener hambre. 

Una última pregunta: entre bratwurst, knödel y gulashsuppe…¿Cuál es su comida preferida?

”¡Los gnocchi de mi mamá! 



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Todos los días 

Desde las 12 hasta las 15 | desde las 19 hasta muy tarde 


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